Si en mi entrada anterior acepté el reto de que el arte es conocimiento, en este ejercicio me enfrenté a la pregunta del cómo.
El texto de Paul Klee, «Vías diversas en el estudio de la naturaleza», fue el detonante. Su premisa es lapidaria: el artista no debe imitar la superficie de las cosas, sino sumergirse en la génesis de la forma. «El artista no copia la naturaleza, sino que participa en sus procesos».
El problema de la representación
Al leer a Klee, entendí que si me limitaba a dibujar la casa antigua donde realizaba mi retiro, estaría traicionando la investigación. Estaría haciendo una «copia» óptica. Klee exige ir más allá de lo visible. Me pregunté: ¿Cuál es la «sangre» que corre por esta casa? ¿Cuál es su proceso vital? La respuesta no estaba en lo que veían mis ojos, sino en lo que escuchaban mis oídos: crujidos, vibraciones, el asentamiento de la madera. Esa era su «naturaleza interna».
La tecnología como medio de revelación
Aquí tomé una decisión metodológica arriesgada: sustituir el boceto tradicional por la programación nodal en TouchDesigner. ¿Por qué? Porque necesitaba una herramienta que no «representara» el sonido, sino que reaccionara a él en vivo.
Al conectar las grabaciones de campo con parámetros visuales en tiempo real, logré lo que Klee llamaba «hacer visible». El software actuó como un traductor: la densidad de las líneas y el movimiento gráfico no fueron decisiones estéticas mías, sino consecuencias físicas del sonido del lugar.
Conclusión:
La colaboración con el entorno Este ejercicio me demostró que la investigación artística puede actualizar conceptos históricos. Klee hablaba de anatomía y cosmología; yo hablo de frecuencias y algoritmos. Pero el principio epistemológico es el mismo: la obra resultante no es una «foto» de un tejado, es una huella de su comportamiento.
Descubrí que investigar en arte es, como escribí en mi justificación final, dejar de ser un observador pasivo para convertirse en un colaborador de la energía que habita el espacio. La imagen final es el testimonio de ese diálogo: el tejado como ancla material, y los trazos etéreos como la visualización de su memoria sonora.